¿Eres de esas personas cuya rutina excluye desayunar?
¿Crees que es mejor no comer nada antes de salir de casa si eso significa dormir 20 minutos más?
Tal vez sea hora de que te replantees la forma en como comienzas el día, ya que tu mamá tenía razón y… ¡el desayuno sí es la comida más importante del día!
De acuerdo con diversos especialistas, en el desayuno se ingiere entre el 20 y 25% de los nutrientes que requiere el organismo para funcionar a lo largo del día. Además, debes recordar que al despertar, tu organismo ya tiene un ayuno de 8 a 10 horas, tiempo en el que tu metabolismo realizó funciones vitales que implicaron un desgaste energético. De ahí que tu cuerpo necesite recibir alimento para “arrancar” nuevamente.
Si no desayunas, tu cuerpo recibe la señal de que debe ahorrar energía, por lo que se estresa y libera sustancias que lo obligan a funcionar más lento y a almacenar calorías.
Para tratar de operar con normalidad, tu metabolismo tomará reservas de energía de la masa muscular, lo cual te provocará malestar general. En estos casos es normal presentar dolor de cabeza, cansancio, sueño, mal humor, estreñimiento y hasta desnutrición.
Beneficios que trae desayunar
Control de peso. Las personas que desayunan tienen una menor tendencia a subir de peso, ya que reparten la ingesta calórica en cuatro o cinco comidas
Rendimiento físico e intelectual. Al omitir el desayuno se reduce la producción de insulina y aumentan el cortisol y las catecolaminas, entre otras sustancias, para mantener los niveles de glucosa en valores aceptables. Estos cambios hormonales alteran la conducta e influyen negativamente en el rendimiento físico e intelectual.
Nutrientes.El desayuno contribuye significativamente a los aportes diarios de vitaminas y minerales, así como de fibra.
Para obtener estos beneficios no puedes comer cualquier cosa, el desayuno debe ser equilibrado. Los especialistas recomiendan incluir lácteos, cereales y frutas, así como algunos derivados cárnicos (embutidos) y dulces, en cantidades moderadas.
Si te faltan motivos para animarte a desayunar, ten en cuenta que las personas exitosas consideran el desayuno una parte importante de la rutina que los ha llevado a ser figuras destacadas.
Desayunar no es engullir cualquier cosa para que tu cuerpo reciba alimento, sino darte el tiempo necesario para degustar la comida e interactuar con otras personas.
Son muchos los remedios y consejos que hemos compartido y seguimos haciéndolo para bajar el colesterol y mantenerlo controlado, sin embargo, pocas personas conocen realmente los síntomas que presenta el tener el colesterol muy alto.
Conocerlos para así poder tratarlo a tiempo es una información muy importante que todos deberíamos saber.
El hígado es el principal responsable de la gestión de las grasas a nivel circulatorio, es por ello que un mal funcionamiento hepático acarrea consigo una mala calidad de nuestra sangre, que puede circular con un exceso de grasa y colesterol, aumentando con ello el riesgo cardiovascular.
Cuando hay una alteración de los niveles de lípidos en la sangre, ya sea colesterol, triglicéridos o transaminasas, suele existir también mayor o menor grado de disfunción hepática, algo que se manifiesta a través de diferentes síntomas:
- Boca pastosa, seca, y mal aliento.
- Eructos tras las comidas, digestiones pesadas.
- Pesadez de estómago y alteración del ritmo intestinal, tendente al estreñimiento.
- Nuevas intolerancias a ciertos alimentos.
- Dolor de cabeza frecuente y de tipo migrañoso.
- Prurito o urticaria.
Claves para bajar el colesterol
Es posible y muy recomendable no depender siempre de los medicamentos para tratar ciertos trastornos como el colesterol, ya que acabamos creando dependencia.
La alimentación juega un papel fundamental y puede ayudarnos a reducir los niveles de colesterol de forma fácil y natural.
Toma nota de estos consejos y ponlos en práctica:
- No satures tu hígado de trabajo. Evita el café, el alcohol, el tabaco, la sal y los vinagres. Para aliñar las ensaladas opta mejor por el limón.
- No comas alimentos ricos en grasas saturadas, como bollería industrial y comida rápida.
- Aumenta el consumo de fibra. Te ayudará a depurar tu organismo, combatir el estreñimiento y arrastrar el colesterol de tus arterias.
- Consume habitualmente alimentos ricos en antioxidantes y con cualidades protectoras del hígado, como pescado azul, nueces, avena, berenjenas, cebolla, ajo, tomates y mucha fruta.
Cada diciembre en el listado de propósitos para el año siguiente, hay uno muy común y es conseguir el equilibrio en la rutina diaria y así empezar a llevar un estilo de vida saludable. Pero seamos sinceros quince días después, este propósito ha sido desplazado, hasta que un millón de excusas lo sepultan junto con la lista.
Lo ideal es tener la convicción de que cualquier mes, día o instante puedes proponerte a cambiar hábitos, conductas, o mejorar tu bienestar físico y mental, con el mejor de los incentivos: “Cualquier persona como tú y como yo, pude hacerlo si piensa que con ello va a crecer personalmente y a cuidarse para la posteridad”. Por esta razón Mi Familia Sana ha preparado una lista de prácticos consejos para que desde hoy puedas construir tu propio y personalizado estilo de vida saludable.
1. Recuerda que ‘Eres el reflejo de lo que comes’
¿Habías escuchado esta frase antes? Si no te suena, es el momento que te convenzas de su veracidad, porque es un principio ideológico que cultivan los expertos en salud nutricional. Lo mejor es que empieces por reestructurar tu lista de compras.
Cada vez que vayas al supermercado, enfócate en seleccionar primero los alimentos frescos que llevarás, luego habrá tiempo para el resto de víveres. Durante tus compras, recuerda que las frutas y verduras deberían ser la piedra angular de cada comida que tengas en el día; los demás alimentos como proteínas, legumbres y granos integrales, míralos como un complemento que balanceara cada plato. Con esta idea en la cabeza será más fácil escoger qué echar en el carrito cada vez.
Es súper recomendable que tomes mucha, mucha agua, ya que esta además de ser benéfica para tu cuerpo, te ayudará a evitar el consumo de bebidas calóricas, porque tu cuerpo se sentirá hidratado y no sentirás necesidad de beber. En lo posible, evita consumir alimentos con alto nivel de carbohidratos y sodio, como los dulces, harinas y fritos; no sólo porque contribuyen al aumento de peso, sino porque dificultan que continúes tu propósito de llevar un nuevo estilo de vida saludable.
Ahora, recuerda algo muy importante: acostúmbrate a comer siempre a la misma hora cada día, además de ayudarte a evitar la gastritis y contribuir con la estabilización del metabolismo, te vuelve una persona rigurosa y metódica.
2. Una persona precavida vale por dos… Si se trata de higiene, vale por cuatro
La protección y la higiene son los pilares más importantes que debemos cuidar para conservarnos sanos y salvos, no sobra aclarar que hablar de protección abarca desde simples actos cívicos, como usar casco al conducir bicicleta o moto, utilizar el cinturón de seguridad, salir con tiempo de anticipación a hacer nuestras diligencias.
Esto sirve muchísimo, porque cuando tienes la certeza que estás haciendo las cosas bien, tu mente y tu organismo se relajan, evitando que te cargues de estrés y preocupaciones innecesarias.
Antes de salir de tu casa, acuérdate siempre que debes protegerte del sol y el frío, sobre todo si vives en una ciudad como Bogotá, donde el clima varía drásticamente de forma repentina. Los dermatólogos recomiendan utilizar protector solar diariamente, y este sí que es un hábito que debes empezar a implementar en tu nuevo estilo de vida.
El principal factor que deteriora nuestra salud es la exposición a los cambios climáticos y la polución de la ciudad, aquí es donde cobra gran importancia las buenas prácticas de higiene que empieces a implementar en tu rutina diaria. —“Yo me baño bien todos los días”— pensarás, pero más allá de esto, es crucial que implementes rutinas de limpieza preventiva como el constante lavado de manos y cara, el lavado diario de nariz y la limpieza de oídos periódico; ya que en estas partes del cuerpo se concentra el mayor índice de ingreso de bacterias y virus, incluso en la nariz es del 90% (más que la boca).
Con estas nuevas prácticas, verás cómo cada vez te contagias menos de virus y gripes. Si sufres de alergias como la sinusitis, el cambio será todavía más liberador.
3. ¡Muévete!
Es el momento que empieces a utilizar las escaleras, deja atrás el sedentarismo y procura caminar más; lo puedes hacer con tus desplazamientos cotidianos como por ejemplo, ir al trabajo, al supermercado, de compras, pasear a tu mascota o la de tu vecino. De esta forma, aprovechas y de paso fortaleces esos lazos de amistad además de evitar perder tiempo dentro del tráfico.
De igual forma, también es importante ejercitarse; realiza como mínimo 30 minutos de algún deporte que te guste o una actividad física que aumente tu frecuencia cardiaca y que fortalezca tus músculos y huesos. Es normal que te cueste un poco al principio, pero cuando lleves unos 15 días con esta actividad se convertirá en un hábito que hará parte de tu cotidianidad y no sentirás sacrificios. ¡Ánimo, lo más importante es empezar!
4. También descansa
Busca tu tranquilidad, evita incluso esa persona molesta que tiene la facilidad de cambiarte el buen humor; minimiza aquellas situaciones en las que puede llenarte de estrés y preocupación.
Ten en cuenta que hay ciertas cosas que se escapan de nuestro control; con esto te evitarás frustraciones, depresiones, rabias y estrés que generalmente te llevará a sentirte más cansada o cansado.
Trata de buscar momentos de quietud, tomate un té, escucha tu canción favorita separa al menos unos minutos en que puedas poner tus pensamientos en orden y priorizar tus labores, mantén una actitud positiva ante la vida y las situaciones que debes afrontar.
A la hora de dormir aleja tu celular y apaga la televisión, es mejor que escuches alguna melodía suave unos 10 minutos antes, así alejarás esos pensamientos que terminan irrumpiendo tu sueño y lograrás un sueño más placentero.
5. Pensar bien es estar bien
A veces no le damos el valor que merece el poder de los pensamientos, como en el primer consejo “eres el reflejo de lo que comes” así mismo también somos el reflejo de lo que pensamos, una persona positiva, aspiracional y organizada saca un buen provecho de su productividad en el día.
Es bueno que saques tiempo para estar con tus seres queridos, viajar, comer algo que te gusta mucho, la vida está hecha de esas pequeñas cosas; así que rodéate de personas positivas que te aporten cosas buenas, con toda seguridad esto traerá tranquilidad a tu vida; y si tu mente, tus pensamientos están bien… tú también estarás bien.
Como ves, muchos de estos consejos para una vida saludable no son difíciles de poner en marcha; solo basta con tomar la decisión, un poco de disciplina y el combustible más efectivo para todo reto en la vida: creer en ti mismo.
Los suplementos alimenticios o la nutrición celular, es un bastón necesario, que no fundamental, en nuestra estrategia nutricional para restablecer tu salud y recuperar tu energía.
¿Por qué necesitas suplementos?
La suplementación o nutrición celular es un tipo de nutrición que se basa principalmente en suministrar al organismo los nutrientes esenciales que necesitamos cada día (vitaminas, minerales y aminoácidos) y que no obtenemos de los alimentos o de la alimentación que seguimos diariamente, ya sea por una alimentación inadecuada o por mala absorción intestinal de los nutrientes.
¿Son imprescindibles los suplementos alimentarios?
Consiste en añadir estos nutrientes esenciales en la proporción y cantidad adecuados, de forma que no se conviertan en nutrientes perjudiciales para tu cuerpo y que puedan darte un empujón a la hora de recuperar más fácilmente las funciones orgánicas y celulares de tu organismo.
Los suplementos te ayudan a que tus síntomas mejoren más rápidamente, no son imprescindibles pero facilitan y aceleran el restablecimiento de tus funciones orgánicas y metabólicas, que si lo hiciéramos con alimentación únicamente.
La propia nutrición celular comprende el conjunto de procesos mediante los que las células intercambian tanto materia como energía con su medio para darte salud.
La suplementación como estrategia nutricional
Teniendo en cuenta que la nutrición celular se basa en el suministro de vitaminas, minerales y oligoelementos en proporción y cantidad adecuados, que nuestro organismo no obtiene de forma natural a partir de los alimentos (ya sea por alimentación inadecuada o por mala absorción), uno de los principales objetivos de la estrategia de suplementación en un plan nutricional es suministrar nutrientes naturales a cada persona según sus necesidades personales, consiguiendo el equilibrio orgánico que garantiza un estado de salud óptimo.
En su versión tradicional, se apoya en la Medicina Ortomolecular, que no es más que facilitar al organismo los nutrientes en sí mismos: vitaminas, minerales, aminoácidos, ácidos grasos, y microelementos presentes en plantas, fundamentalmente.
Si quieres un plan nutricional con suplementación específica para tu caso, porque consideras que no estás en un estado de salud óptimo ¡contacta con nosotros! estaremos encantados de atenderte.
Si bien abrigarnos sirve de algo, también es necesario consumir alimentos que nos ayuden a entrar en calor.
El problema, es que muchas de esas comidas útiles para capear el frío son ricos en calorías, lo que se puede traducir en un aumento de peso.
A continuación te contamos qué puedes comer para combatir las bajas temperaturas sin necesidad de descuidar tu figura.
Pon atención.
Sopas y caldos.
El consumo de éstos ayudan a que nuestro cuerpo se mantenga hidratado y con una temperatura adecuada. Eso sí, para no subir de peso, debes dejar de lado aquellas tipo crema o con muchas grasas, y optar por sopas de verdura o pollo. Ésta última además tiene propiedades antiinflamatorias y son útiles para combatir los síntomas de las infecciones respiratorias.
Legumbres.
No sólo ayudan a mantener la temperatura corporal, además son bajas en grasa, ricas en fibra y buenas para tu metabolismo. También contienen proteínas, minerales, vitamina B1, B2, B6, niacina y folatos.
Grasas saludables.
En lugar de consumir alimentos altos en grasa para combatir el frío, puedes optar por grasas saludables como el Omega 3 presente en alimentos como el salmón, jurel, atún, caballa, sardina, semillas y aceite de linaza, aceite de canola, aceite de soya, semilla o aceite de chía y nueces.
Condimentos sanos.
Te recomendamos condimentar tus comidas con cebolla, ajo y jengibre. Éstos son ideales para el frío y también para fortalecer el sistema inmunológico. Por ejemplo, el ajo contiene alicina, el cual posee propiedades antibióticos y antioxidantes, lo que te ayudará a protegerte de la gripe y el resfrío. Por otro lado, la cebolla tiene muchas vitaminas y el jengibre tiene efectos antiinflamatorias y expectorantes.
Infusiones.
Mantenerse hidratado también es importante, sobretodo porque ayuda a aliviar la mucosidad de resfríos o gripe. Para el frío lo ideal son los líquidos calientes, que además son buenos para cuando nos duele la garganta o estamos congestionados. Opte por el té en sus diversas variedades, infusiones de hierbas y café.
DATO.
Evita el consumo de alcohol para combatir el frío porque su efecto es momentáneo y es producido por un aumento de la circulación de la sangre. Sin embargo, cuando esto pasa, puedes incluso sentir más frío.
Décadas de investigación han
demostrado que la inteligencia emocional es un factor crítico que hace que las
personas se destaquen del resto.
La conexión de este índice con el éxito es tan
grande que el 90% de los mejores profesionistas tienen una alta inteligencia
emocional.
La inteligencia emocional es “algo”
dentro de todos nosotros que es intangible. Afecta cómo manejamos nuestro
comportamiento, navegamos las complejidades sociales y tomamos decisiones para
alcanzar resultados positivos.
A pesar de su importancia, es difícil
saber realmente cuánta inteligencia emocional tiene una persona y qué se puede
hacer para mejorarla. Se pueden tomar pruebas validadas científicamente, pero
lamentablemente no son gratuitas.
1. Te estresas con
facilidad
Cuando te comes tus sentimientos,
estos se acumulan hasta generar sensaciones como tensión, estrés y ansiedad.
Las emociones ignoradas dañan el cuerpo y la mente. La inteligencia emocional
te ayuda a manejar mejor el estrés al ayudarte a identificar las situaciones
que te agobian y a enfrentarlas adecuadamente a tiempo.
Las personas que no usan su
inteligencia emocional tienden a apoyarse en otros métodos, menos saludables,
para manejar la presión. Tienen el doble de posibilidades de experimentar
ansiedad, depresión, abuso de sustancias e incluso de intentar el
suicidio.
2. Te cuesta
trabajo ser asertivo
Las personas con buena inteligencia
emocional tienen un buen balance de buenos modales, empatía y cordialidad, pero
son capaces de establecer límites. Esta combinación es ideal para manejar los
conflictos. Cuando la mayoría de la gente está enojada, estas personas con
buena IE se mantienen calmadas y balanceadas ya que se alejan de las emociones
mal manejadas. Esto les permite neutralizar a las personas difíciles o tóxicas
sin generar enemigos.
3. Tienes un
vocabulario emocional limitado
Todas las personas expresamos
emociones, pero solo unas cuantas son capaces de identificarlas con claridad
mientras ocurren. Nuestra investigación arroja que solo el 36% de las personas
pueden hacer esto, lo cual es problemático porque las emociones poco entendidas
generalmente causan malos entendidos, elecciones irracionales y acciones contra
productivas. Las personas con buena IE dominan sus emociones porque saben
identificarlas y tienen un gran vocabulario para nombrarlas. Muchas
personas simplemente definen su estado de ánimo como “malo”, las emocionalmente
inteligentes saben decir “frustrado”, “ansioso”, “irritable”, etc. Cuanto más
específica sea la palabra, mejor conocimiento tendrás de qué estás sintiendo,
qué causa la sensación y qué hacer al respecto.
4. Asumes cosas
rápidamente y defiendes tus posturas con vehemencia
Las personas que carecen IE forman
opiniones rápidamente y sucumben a información vaga, que apoye sus propias
posturas e ignoran cualquier cosa que pueda llevarles la contraria. Muy
frecuentemente, discuten ad nauseam para defender un punto. Esto es especialmente
peligroso para los líderes, pues sus ideas poco analizadas se pueden volver la
estrategia de todo un equipo. Las personas emocionalmente inteligente
marinan sus pensamientos porque saben que las reacciones iniciales se mueven
por los sentimientos. Dejan que sus pensamientos se desarrollen y consideran
consecuencias y contrargumentos posibles. Luego comunican su idea de la manera
más efectiva posible, considerando las opiniones de la audiencia.
5. Guardas rencores
Las emociones negativas que vienen
con los rencores son, de hecho, una respuesta al estrés. Solo pensar en la
ofensa que recibiste hace que tu cuerpo entre en “modo de supervivencia”, un
mecanismo que hace que te levantes y pelees o salgas corriendo ante una
amenaza. Cuando el peligro es inminente, esta reacción es esencial para
sobrevivir, pero cuando el peligro ya pasó, guardar ese estrés es muy dañino
para ale cuerpo y puede tener consecuencias devastadoras con el tiempo. De
hecho, investigadores de la Universidad Emory descubrieron que guardar el
estrés contribuye a tener presión alta y enfermedades del corazón. Guardar un
rencor significa que estás guardando el estrés de un enojo y las personas
emocionalmente inteligentes saben que deben evitar esto. Soltar las cosas no
solo te hace sentir mejor, también puede ayudar a tu salud.
6. No sueltas tus
errores
Las personas emocionalmente
inteligentes se alejan de sus errores, pero no los olvidan. Al mantenerlos a
una distancia prudente pueden recordar las enseñanzas que dejaron para alcanzar
el éxito futuro, pero no dejan que los detengan. Saben manejar muy bien la
delgada línea entre recordar y revivir. Revivir demasiado los errores
hace que te dé ansiedad y miedo de intentar cosas nuevas, mientras que
olvidarlos por completo hace que los repitas. La clave del balance está en tu
habilidad de transformar los fracasos en lecciones que te ayuden a
mejorar.
7. Sientes que la
gente no te entiende
Cuando te falta inteligencia
emocional es difícil entender cómo te ven los demás. Te sientes poco entendido
porque no puedes dar tus mensajes de la manera correcta. Las personas con alta
IE saben que aun con práctica no siempre se da una comunicación 100% efectiva.
Saben darse cuenta cuando las personas no los están entendiendo, ajustan su
estrategia y recomunican su idea hasta que se dan a entender.
8. No sabes cuáles
son tus disparadores (triggers)
Todos tenemos disparadores,
situaciones o personas que nos presionan y nos llevan a actuar de manera
impulsiva. Las personas emocionalmente inteligentes estudian estos triggersy
evitan las situaciones o individuos que les pueden hacer perder la
cabeza.
9. No te enojas
No es que las personas emocionalmente
inteligentes no se enojen, pero manejan mejor sus molestias para obtener el
mejor resultado posible. A veces esto es simplemente mostrar que estás enojado,
triste o frustrado. Ocultar tus emociones constantemente con una falsa actitud
positiva no es genuino ni productivo. Las personas con buena IE emplean las
emociones negativas y positivas en las situaciones correctas.
10. Culpas a otros
por cómo te hacen sentir
Las emociones vienen de dentro. Es
muy tentador atribuir tus sentimientos a las acciones de otros, pero debes
tomar responsabilidad por ellas. NADIE PUEDE HACERTE SENTIR ALGO QUE TU
NO QUIERAS SENTIR. Pensar lo contrario solo te frena.
11. Te ofendes con
facilidad
Si sabes muy bien quién eres, es
difícil que las cosas que otros dicen o hacen respecto a ti te molesten. Las
personas con sanidad emocional son seguras y de mente abierta. Incluso pueden
burlarse de sí mismas porque saben muy bien cual es límite entre el humor y la
degradación.
En
conclusión…
A diferencia del IQ, la IE es muy
maleable. Puedes entrenar a tu cerebro repitiendo actitudes y acciones
inteligentes. Cuando tu cerebro refuerza estos comportamientos, las respuestas
anteriores se van borrando de los caminos neuronales. Antes de que te des
cuenta, estarás respondiendo con más inteligencia emocional.
Cuando el hecho de comer no responde a la necesidad física de alimentarnos sino a un estado de ánimo concreto, hablamos de alimentación emocional. Es un fenómeno normal porque a veces, simplemente, nos apetece un capricho, algo dulce o salado. No tiene mayor importancia, pero cuando esta situación se repite, incluso de manera compulsiva, la ingesta de alimentos puede esconder carencias emocionales o u otro tipo de trastornos.
Este es un tema complejo al que hay que prestarle la debida atención porque puede derivar en problemas de salud, desde el sobrepeso, la obesidad o la desnutrición, hasta la bulimia o la anorexia.
Se supone que comemos para cubrir las necesidades de macro y micronutrientes que requiere nuestro organismo para desarrollarse y funcionar correctamente, es decir, deberíamos alimentarnos, cuando tuviésemos hambre, pero ésta no es siempre la realidad.
Ejemplos de alimentación emocional
Muchas personas utilizan la dieta como refugio o vía de escape frente a una situación, normalmente negativa, ante la que se sienten impotentes. Ejemplos hay muchos:
Buscar consuelo en la comida, y sobre todo en los dulces, ante un desengaño amoroso, una mala situación familiar o una discusión en el trabajo.
Darse un atracón de comida poco sana en un momento de tensión o en un periodo de estrés continuado.
Negarse a ingerir cualquier alimento por un disgusto o por un estado depresivo generalizado.
Comer en exceso, o dejar de hacerlo, por baja autoestima (en muchos casos relacionados con el propio aspecto físico).
Recurrir constantemente a un mismo tipo de comida (snacks, refrescos, fast food…) o por ejemplo, no poder parar de comer algunos frutos secos como las pipas.
También ocurre, en casos menos habituales, celebrar cualquier buena noticia con una ingesta excesiva de alimentos.
Todos estos ejemplos pueden indicar que nuestra alimentación depende de nuestras emociones y no realmente de nuestras necesidades nutricionales.
¿Qué causa la alimentación emocional?
No hay que ser alarmistas y siempre debemos tener claro que, de vez en cuando… ¿quién no se ha dado el gustazo de tomar un buen helado de chocolate para olvidar las penas después de un pequeño disgusto? En el fondo, eso es alimentación emocional, pero no es un gesto que deba preocuparnos. El problema surge cuando nos alimentamos, constantemente, según nuestros sentimientos.
En estos casos, la comida puede convertirse en nuestro mejor consuelo o incluso en una forma de autocastigo. Si surgen ideas como: “Me he ganado tomarme cuatro hamburguesas por la injusticia laboral que acabo de sufrir” o “No pienso comer nada porque nadie me quiere por mi sobrepeso”, este tipo de situaciones son realmente delicadas y requieren ayuda psicológica.
Normalmente las personas que basan su alimentación en las emociones esconden algún tipo de carencia: falta de afecto, baja autoestima, inseguridad y miedos, trastornos nerviosos, excesiva preocupación por un problema puntual… la comida, o la falta de ella, canaliza sus emociones, sin tener nada que ver con el hambre o con el deseo de degustar una deliciosa receta.
¿Qué consecuencias puede tener la alimentación emocional?
La alimentación emocional suele traer como consecuencia importantes fluctuaciones en el peso porque a los periodos de gran ingesta de alimentos, se suceden otros de mínimo consumo de nutrientes. Detrás de una extrema delgadez o de un problema de sobrepeso puede estar este mal hábito alimenticio. En la mayoría de los casos, la situación se agrava porque tras la ingesta de comida innecesaria aparecen el remordimiento y el sentimiento de culpa, creándose un peligroso círculo vicioso.
En resumen, no siempre comemos por hambre, lo hacemos porque nos apetece, pero si ligamos permanentemente nuestra dieta a nuestras emociones es algo que no nos beneficia y que deberíamos corregir para evitar males mayores.