La vitamina A es una vitamina
liposoluble, es decir, soluble en la grasa.
Así pues, se almacena en el organismo. Y
podemos encontrarla en dos formas: una, concentrada en ciertos alimentos de
origen animal -como el hígado, los aceites de pescado o la grasa de los
productos lácteos- con el nombre de retinol, forma que puede ser utilizada
directamente por el organismo.
Y también la encontramos ampliamente
distribuida en vegetales -zanahoria, perejil, diente de león, las espinacas,
brecol, lechuga, y las frutas de color amarillo- en forma de carotenos, siendo
el más conocido el betacaroteno.
Se trata de sustancias que se
transforman en vitamina A mediante un proceso que tiene lugar en el intestino y
el hígado.
PRINCIPALES FUNCIONES
·Protege contra las infecciones manteniendo las
mucosas en un estado óptimo.
·Es indispensable para una buena salud ocular.
·Mantiene en estado saludable la piel y el
cabello.
·Favorece el buen estado de las mucosas.
·Mantiene en buenas condiciones los huesos y los
dientes.
·Previene la anemia y favorece el crecimiento de
los niños.
·Mejora la síntesis de las proteínas.
·Ayuda a controlar el nivel de estrógenos.
PERJUICIOS QUE OCASIONA SU DEFICIENCIA
·Ceguera nocturna.
·Deshidratación y degeneración de la córnea así
como úlceras.
·Formación de cálculos renales.
·Piel áspera, seca o prematuramente envejecida.
·Pérdida de vitamina C presente en el organismo.
·Debilidad ósea y dental.
·Manchas en la piel.
·Desprotección ante infecciones.
·Pérdida del sentido del olfato.
·Diarreas.
·Pérdida de apetito.
DOSIS
RECOMENDADAS
Por tratarse de una vitamina que se
almacena en el organismo su consumo debe ser controlado por un profesional de
la salud.
En Nutrición Ortomolecular las dosis
recomendadas -dependiendo del fin que se persiga- van de 5.000 UI a 75.000 UI.
TOXICIDAD
Un adulto sano no debería superar la Ingesta de más de 5.000
UI.
Puede haber intoxicación cuando se
ingiere una dosis elevada de vitamina A en forma de retinol diariamente y
durante un periodo largo de tiempo.
No sucede lo mismo en el caso de los
carotenos que se pueden consumir en cantidades altas sin riesgo para la salud.
En todo caso, podrían producir una
pigmentación amarilla de la piel que desaparecería con la suspensión de la
ingesta.
Los síntomas de una intoxicación de
carácter leve son náuseas, vómitos, piel seca, diarrea, pérdida de pelo, piel
escamosa e irritada y, en los casos más graves, fragilidad ósea, aumento del
tamaño del hígado y bazo, menstruaciones irregulares, visión borrosa, etc.
PRECAUCIONES
Los ácidos grasos poliinsaturados actúan
en contra de la vitamina A.
Si se toman cantidades superiores a 400
UI diarias de vitamina E se necesitan al menos 10.000 UI de vitamina A
pre-formada (retinol).
NUTRIENTES SINÉRGICOS
La vitamina A, como el resto de
micronutrientes, necesita para su correcta absorción ir acompañada de otras
sustancias.
En este caso son:
·Las vitaminas del grupo B -como preservadoras
de la vitamina A almacenada-,
·La vitamina C -que evita la oxidación de la
misma y ayuda a prevenir los efectos perjudiciales en caso de intoxicación-,
Para algunos expertos la clave de
nuestra salud reside en nuestros intestinos hasta el punto de que los
consideran algo así como las raíces del árbol llamado hombre.
Y es que el intestino no es un simple
órgano de absorción.
Es el elemento más relevante para la
actividad del sistema inmune y los mecanismos de protección inespecífica ya que
es en él, precisamente, donde son más activos.
Sus células inmunocompetentes reconocen
los agentes patógenos y activan la producción de linfocitos que, a su vez,
segregan anticuerpos inespecíficos.
Cuando nacemos el tracto
gastrointestinal es estéril pero poco después se instala de forma permanente un
complejo conjunto de aproximadamente 400 tipos diferentes de microorganismos
que trabajan en armonía para el mantenimiento de la salud.
Esa microflora -la flora intestinal-
pesa más de un kilo, puede estar compuesta por hasta 100 billones de
microorganismos diferentes y tiene una actividad metabólica global similar a la
de un hígado.
Una vez que esa microflora se ha
instalado puede verse afectada negativamente por factores como el consumo de
alimentos muy refinados pobres en fibra, los tratamientos antibióticos y el
estrés, entre otros.
Pero también se le puede ayudar mediante
la introducción en nuestra dieta de alimentos prebióticos y probióticos,
alimentos considerados funcionales porque son capaces de modificar la floraintestinal, entre otros efectos saludables.
De esta forma, a la vez, se produce un
efecto beneficioso sobre el sistema inmune que nos permite prevenir distintas
enfermedades, incluido el cáncer.
El estrés, los malos hábitos
alimentarios y el abuso de antibióticos son sólo algunos de los factores que
pueden afectar negativamente el necesario equilibrio de nuestra flora
intestinal.
Y en tales casos la ingesta de los
llamados productos probióticos -que contienen microorganismos vivos y activos
una vez que colonizan el intestino-, prebióticos -que estimulan la acción
bacteriana- o simbióticos -que asocian a ambos- es una buena alternativa,
natural y sin efectos secundarios para mejorar sensiblemente el funcionamiento
intestinal y, por extensión, optimizar nuestra salud.
De un tiempo a esta parte se están
poniendo de moda los llamados "alimentos funcionales".
Son alimentos enriquecidos que no sólo
aportan a quien los ingiere beneficios meramente nutricionales sino también
otros que le permiten mejorar su salud.
Pues bien, tal es el caso de los
probióticos y prebióticos que, además de nutrir a quien los consume, colonizan
el intestino modificando positivamente la flora intestinal y mejorando el
funcionamiento del sistema inmune y, por tanto, la salud global del organismo.
En esta ocasión nos ocupamos de dos de
los más comunes: la dispepsia y la acidez de estómago o hiperclorhidria.
Veámoslo.
LA DISPEPSIA
Se llama dispepsia al trastorno
gastroesofágico funcional del aparato digestivo, lo que normalmente da lugar a
malas digestiones.
Su sintomatología puede ser muy amplia y
en ocasiones es bastante dolorosa.
Cuando la dispepsia es aguda puede
provocar vómitos, diarrea, fiebre, ardor, dolor, meteorismo, pérdida de peso,
flatulencia y sensación de peso que puede remitir simplemente con una buena
alimentación.
Si alcanza otras partes del tubodigestivo como el intestino delgado o el colon se producirán fenómenos de
fermentación -en el caso de que la dieta haya sido rica en hidratos de carbono-
o de putrefacción -en el caso de una excesiva ingesta de proteínas.
La causa de las dispepsias en los
adultos hay que buscarlas generalmente en los desequilibrios alimenticios
-tanto de deglución como de digestión- y en las alteraciones enzimáticas que no
permiten una buena digestión de los hidratos de carbono y las proteínas.
En ocasiones estos problemas aparecen
sin causa justificada, lo que puede inducirnos a pensar en un problema de
carácter psicosomático provocado por el estrés, las tensiones nerviosas, etc.,
que se evidencia con una respuesta a nivel gástrico.
También puede haber otros factores que
pueden propiciar la aparición de esta sintomatología:
·Masticación insuficiente.
·Abuso de los alimentos fritos, ahumados,
encurtidos, etc.
·Exceso en el consumo de grasas y alimentos
basura.
·Cualquier tipo de intolerancia alimenticia.
·También puede aparecer como consecuencia de una
gastritis, úlceras, carcinoma gástrico, trastornos del esófago, del tracto
pancreático-biliar, alteraciones intestinales como disbiosis o disbacteriosis
colecistitis, duodenitis, anexitis, etc.
Es muy importante saber que en algunas
ocasiones las dispepsias pueden ser el preámbulo de una patología seria.
LA HIPERCLORHIDRIA
Se llama así al aumento de los límites
normales del contenido en ácido clorhídrico del jugo gástrico.
Suele producir una sintomatología
digestiva, con molestias posteriores a la deglución de alimentos, regurgitación
ácida y sensación de ardor (pirosis).
Ese exceso de ácido puede provocar
patologías como la úlcera gastroduodenal.
RECOMENDACIONES DIETÉTICAS
Es muy importante llevar una
alimentación y un tipo de vida lo más sano posible.
Estos son algunos de los consejos:
·Una de las primeras tareas a realizar es
comprobar la posibilidad de que exista intolerancia hacia algún alimento.
·Procurar realizar de 3 a 4 comidas al día sin que
sean muy copiosas.
·Incorporar de forma paulatina las frutas y
verduras; cuando no es habitual su consumo éstas pueden provocar flatulencias.
·Tratar de masticar y ensalivar los alimentos
suficientemente.
·Comer en situación relajada y sin estrés.
·Eliminar los alimentos fritos, las conservas,
los ahumados y encurtidos, la comida basura, etc.
·Procurar no tomar agua desde una hora antes
hasta dos horas después de las comidas. En caso de tener mucha sed se puede
tomar agua a temperatura natural y a sorbos pequeños.
·Eliminar el tabaco y el café.
·Eliminar el consumo de bebidas alcohólicas,
gasificadas, estimulantes, etc.
·Reducir la cantidad de grasa presente en la
dieta.
·Eliminar las carnes rojas.
ALIMENTOS PERJUDICIALES
Los
alimentos fritos. Contienen sustancias irritantes para el aparato digestivo
por lo que están absolutamente contraindicadas.
Las
bebidas alcohólicas. Producen irritación e inflamación. Además
alteran la producción de jugo gástrico.
Las
especias.
A pesar de que en pequeñas dosis puede ser beneficioso, una dosis inadecuada
provocará alteraciones digestivas e hiperacidez.
El
vinagre.
Altera la mucosa del aparato digestivo haciéndola más sensible a los ácidos del
estómago además de agravar las molestias propias de la dispepsia.
El
café.
Su consumo, por sí solo, produce dispepsia. Es irritante de la mucosa y altera
la digestión de los alimentos.
La
leche.
Es de muy difícil digestión, sobre todo si va acompañada de azúcar. En los
casos que nos ocupan está absolutamente contraindicada.
Los
mariscos.
Son también muy difíciles de digerir.
El
chocolate.
Contiene azúcares y grasas por lo que su mezcla es más que nefasta para el
estómago.
Las
carnes.
Contienen purinas, sustancias que incrementan la producción de jugos gástricos
agravando las dispepsias y la hiperclorhidria.
ALIMENTOS ADECUADOS
Bulbo
de hinojo. Contienen
una sustancia denominada acetol que actúa como tónico digestivo.
Papaya. Contiene
papaína, una enzima necesaria para la digestión de las proteínas.
Piña. Contiene bromelaína
que facilita la digestión.
Hortalizas
crudas.
Si se toman bien masticadas estimulan los procesos digestivos ya que contienen
fibra y enzimas.
Cereales
integrales.
Sobre todo en forma de copos y papillas son alimentos muy bien tolerados para las
personas con dificultades digestivas.
Calabaza. Es suavizante
de la mucosa interna del estómago y produce una disminución de los ácidos.
Patata. Es antiácida y
sedante. Se puede tomar al vapor, asada o hervida pero nunca frita.
Manzana. Actúa desinflamando
el aparato digestivo.
Chirimoya
y aguacate.
Neutralizan el exceso de ácidos y son calmantes.
Tapioca. Es un alimento
suavizante y protector del aparato digestivo.
Arroz. Tiene efecto
antiinflamatorio sobre las mucosas digestivas.
Zanahoria. Es un alimento
que contiene vitamina A y fibra lo que hace que se neutralice el exceso de
acidez y proteja las mucosas.
COMPLEMENTOS
Vitamina
A.
Es muy valiosa cuando se pretende mantener en buen estado las mucosas. Además,
con ella se pueden prevenir las úlceras.
Enzimas
digestivas.
Hasta conseguir una regularización digestiva es necesario suplementar la dieta
con enzimas que faciliten la digestión.
Probióticos.
Necesarios
para un buen equilibrio de la flora bacteriana.
Betaína
hidroclorhídrica HCL. Son necesarias para mejorar la digestión.
Depurativo, desintoxicante, regenerador
de la flora intestinal y potenciador del sistema inmune.
Éstas son algunas de las cualidades del
suero de leche.
Pero además se le considera una forma
sencilla de limpiar de toxinas nuestro medio interno y de aportar al organismo
nutrientes básicos para el equilibrio metabólico.
Eso sí, siempre que no se sea alérgico a
la lactosa, su principal componente.
El suero de leche es un remedio naturalconocido desde hace siglos que, poco a poco, había ido cayendo en desuso.
Hoy, sin embargo, sus propiedades
terapéuticas han salido del olvido y se ha convertido en un producto muy
apreciado por sus beneficiosos efectos para la salud y por los valiosos
nutrientes que puede aportar a nuestra dieta.
Entre ellos, el carbohidrato lactosa
además de minerales y oligoelementos como el calcio, el potasio o el hierro,
por citar algunos.
Pero el aporte nutricional más
importante del suero de leche son sus proteínas.
De hecho, algunos aminoácidos están en
mayor proporción en el suero de leche que en la propia leche o en los huevos.
¿CÓMO SE OBTIENE?
El suero de leche se obtiene en el
proceso de elaboración del queso cuando a la leche líquida, previamente
pasteurizada, se la añade el cuajo, fermento natural contenido en el estómago
de los rumiantes que posee una enzima que hace coagular la leche.
Se trata de un proceso que se realiza en
tanques especiales a unos 30º C de temperatura y cuyo resultado es una masa
semisólida rica en caseína y grasa que, tras su maduración y secado, se
convertirá en queso.
Pues bien, cuando esa masa semisólida se
retira de las cubas, lo que queda en ellas es el suero de leche: un líquido de
color amarillo verdoso y de sabor ácido pero agradable.
Se trata, por tanto, de la parte que no
se coagula por la adición del cuajo y que permanece en estado líquido.
Una vez separado el suero del resto de
la leche se le somete a distintos tratamientos hasta convertirlo en polvo y
envasarlo para su comercialización.
Se logra así un suero rico en sales
minerales, aminoácidos y nutrientes beneficiosos para el buen funcionamiento
del intestino, el hígado y el riñón, entre otras propiedades terapéuticas.
ALIADO DEL ORGANISMO
Una de las principales ventajas del
consumo de suero de leche es que la lactosa, su principal componente, no se
disocia por completo en la parte superior del tracto gastrointestinal sino que
mantiene sus cualidades nutricionales hasta llegar al intestino delgado y al
colon.
Una vez en el intestino, las bacterias
de la flora intestinal transforman la lactosa en ácido láctico, de propiedades
beneficiosas para el metabolismo.
Por ejemplo, estimula el peristaltismo
intestinal, proceso que permite la contracción de los músculos intestinales
para transportar el alimento y asegurar una correcta eliminación de la materia
fecal.
Además favorece el crecimiento de la
propia flora, lo que implica una mejora del funcionamiento hepático.
Por otro lado, por su acción depurativa,
activa la función renal y favorece la secreción de líquidos y toxinas.
Por eso ayuda a prevenir la artrosis, la
artritis y el reumatismo, consecuencia de una excesiva retención de líquidos en
los tejidos y de la acumulación de toxinas en las articulaciones.
Esta eliminación provoca un mejor estado
de la piel y contribuye a curar eczemas, acné y otras enfermedades
dermatológicas.
Asimismo, al eliminar toxinas del
organismo purifica la sangre y permite que fluya mejor.
Actúa igualmente como suave laxante
natural por lo que está indicado en los casos de atonía intestinal y estreñimiento.
Pero, además, el ácido láctico producido
a partir de la lactosa aumenta la solubilidad del calcio, fósforo, potasio y
magnesio lo que facilita la asimilación de estos minerales por el intestino.
De esa forma pueden ser absorbidos mucho
mejor por la pared intestinal desde donde pasan al torrente sanguíneo y, a
través de la sangre, a su destino final: las células de todo el organismo.
Todo ello hace que se potencie el
sistema inmune y que mejore el estado general.
NO APTO PARA LOS ALÉRGICOS A LA LACTOSA
Eso sí, si es usted uno de los
aproximadamente 4 millones de mexicanos alérgicos a la lactosa debe, por
razones obvias, abstenerse de tomar este suero.
Químicamente la lactosa es un disacárido
compuesto por galactosa y glucosa.
Para poder utilizar este azúcar nuestro
cuerpo se sirve de una enzima denominada lactasa gracias a la cual los azúcares
simples son absorbidos a través de la pared intestinal.
Sin embargo, cuando hay un déficit de
esta enzima la lactosa no se desdobla y, como consecuencia, el intestino no lo
puede absorber.
Actúan entonces las bacterias
intestinales generando su fermentación y provocando flatulencia y diarrea
líquida.
Es lo que se conoce como intolerancia a
la lactosa.
Sus síntomas más frecuentes -que pueden
aparecer nada más ingerir la lactosa o al cabo de un cierto tiempo- son
dolores, espasmos e hinchazón abdominal, diarreas ácidas, estreñimiento,
flatulencias y vómitos.
LA CURA CON SUERO DE LECHE
Es tal la importancia terapéutica que en
otro tiempo tuvo este nutriente que durante el siglo XVIII se crearon en Europa
sanatorios en los que se hacían curas únicamente con suero de leche.
Tales sanatorios fueron desapareciendo
paulatinamente pero aún hoy se considera que estas curas son una forma sencilla
de desintoxicar el organismo, incluso sin modificar la dieta habitual.
En cuanto a las dosis, dependerá de las
características fisiológicas, edad, peso, actividad metabólica, etc., de cada
persona y del tipo de cura que quiera llevar a cabo.
Si opta por una cura intensiva el suero
de leche será el único alimento que pueda ingerir durante 7 días (con un límite
diario de 7 vasos, cada uno de 2 o 3 cucharadas soperas de suero en polvo
disueltas en 250 ml. de agua).
Si prefiere una cura más suave podrá acompañar
el suero con alimentos ligeros y bajos en calorías; en tal caso, debe tomarlo
media hora antes de cada comida.
Otra opción es tomar sólo suero de leche
un día de la semana.
Indicaciones generales
El suero de leche es conocido desde la
antigüedad.
De hecho, existen muchas referencias
históricas de que su aplicación en diferentes enfermedades era habitual y de
que médicos como Hipócrates o Galeno lo utilizaban como tratamiento regular
para sus pacientes.
Hoy la ciencia ha contrastado sus efectos
beneficiosos en el tratamiento de reúma, artritis, artrosis, ciática, gota,
sobrepeso, obesidad, ictus, hipertensión arterial, cistitis, insuficiencia
renal, hiperviscosidad de la sangre, hipercolesterolemia, eczema, acné,
ictericia, cirrosis, hemorroides, trastornos digestivos crónicos, flatulencia,
atonía intestinal, estreñimiento, calambres musculares, fatiga general o falta
de energía.
Los nutrientes del suero de leche
El principal componente del suero de
leche es la lactosa, un hidrato de carbono que le confiere sus propiedades más
importantes.
Se trata de un azúcar fácilmente
asimilable por el organismo y, por ende, una buena fuente de energía.
En contacto con las bacterias de nuestra
flora intestinal se transforma en ácido láctico, muy beneficioso para el
metabolismo.
En cuanto a las proteínas, el suero de
leche aporta dos tipos indispensables para el organismo, consideradas
nutricionalmente de referencia por su contenido equilibrado en aminoácidos: la
lactoglobulina y la lactoalbúmina, cuya presencia en el suero de leche es mayor
que en la leche y en los huevos.
Además, el suero de leche posee
aminoácidos ramificados y potenciadores del sistema inmune que escapan intactos
al proceso de la digestión y, por tanto, son capaces de retener sus valores
específicos hasta ser absorbidos por la pared intestinal y asumidos por el
organismo.
Por otro lado, el contenido en grasa y
colesterol "malo" del suero de leche es mínimo -no más del 0,3% en
suero de leche líquido- lo cual lo hace compatible con muchas de las dietas de
adelgazamiento.
También es relevante el contenido en
minerales y oligoelementos: calcio, potasio, fósforo, magnesio, sodio, zinc,
hierro y cobre. Posee asimismo un elevado contenido en vitaminas B y C.
Suero de leche, obesidad y depresión
Además de aportar a nuestro organismo
nutrientes esenciales el suero de leche ayuda a normalizar el correcto
funcionamiento digestivo.
Asimismo, mejora el metabolismo de las
grasas, limpia la sangre de toxinas y favorece la eliminación de los líquidos
retenidos por su efecto depurativo y laxante.
De ahí que se entienda que puede ayudar
a las personas obesas o con sobrepeso.
Es más, quienes sufren depresión pueden
obtener un beneficio adicional derivado de las propiedades del triplófano que
aporta la lactoalbúmina (una de las proteínas del suero de leche) ya que este
elemento estimula la producción de serotonina (un neurotransmisor deficitario
en cuadros de depresión).
El importante ácido láctico
Este ácido -que se produce en nuestro
intestino a partir de la lactosa del suero de leche- tiene importantes
propiedades beneficiosas para el metabolismo.
Ahora bien, es importante señalar que
existen dos tipos de ácido láctico.
Uno se denomina ácido D (-) láctico y el
otro es el ácido L (+) láctico, que es más fisiológico porque nuestro organismo
posee la enzima necesaria para su catabolismo.
El D (-) hiperacidifica nuestro medio
orgánico por lo que la
Organización Mundial de la Salud recomienda no ingerir más de 100 mg/día de
este tipo de ácido láctico por kilo de peso corporal (es decir, como máximo
6.000 mg para una persona de 60 kilos de peso).
Esta recomendación es casi exigencia en
el caso de los lactantes y niños de corta edad porque la tolerancia al ácido de
su metabolismo es menor y porque todavía no se ha desarrollado completamente su
capacidad de neutralización.
Pero no queremos alarmar: el ácido
láctico que contiene el suero de leche fresco es exclusivamente del tipo L (+)
que, como hemos dicho, es más fisiológico.
Lo malo es que este suero fresco no se
puede conservar durante mucho tiempo ya que cada hora que pasa pierde calidad.
Incluso llega a ser imposible de ingerir
porque, lentamente, se va transformando en ácido D (-) láctico.
Las vitaminas son sustancias orgánicas imprescindibles en los procesos metabólicos que tienen lugar en la nutrición de los seres vivos.
No aportan energía, puesto que no se utilizan como combustible, pero sin ellas el organismo no es capaz de aprovechar los elementos constructivos y energéticos suministrados por la alimentación.
Normalmente se utilizan en el interior de las células como precursoras de las coenzimas, a partir de los cuales se elaboran los miles de enzimas que regulan las reacciones químicas de las que viven las células.
Las vitaminas deben ser aportadas a través de la alimentación, puesto que el cuerpo humano no puede sintetizarlas.
Una excepción es la vitamina D, que se puede formar en la piel con la exposición al sol, y las vitaminas K, B1, B12 y ácido fólico, que se forman en pequeñas cantidades en la flora intestinal.
Con una dieta equilibrada y abundante en productos frescos y naturales, dispondremos de todas las vitaminas necesarias y no necesitaremos ningún aporte adicional en forma de suplementos de farmacia o herbolario.
Un aumento de las necesidades biológicas requiere un incremento de estas sustancias, como sucede en determinadas etapas de la infancia, el embarazo, la lactancia y durante la tercera edad.
El consumo de tabaco, alcohol o drogas en general provoca un mayor gasto de algunas vitaminas, por lo que en estos casos puede ser necesario un aporte suplementario.
Debemos tener en cuenta que la mayor parte de las vitaminas sintéticas no pueden sustituir a las orgánicas, es decir, a las contenidas en los alimentos o extraídas de productos naturales (levaduras, germen de trigo, etc.).
Aunque las moléculas de las vitaminas de síntesis tengan los mismos elementos estructurales que las orgánicas, en muchos casos no tienen la misma configuración espacial, por lo que cambian sus propiedades.
Existen dos tipos de vitaminas:
Las liposolubles (A, D, E, K), que se disuelven en grasas y aceites, y las hidrosolubles (C y complejo B), que se disuelven en agua.
Vamos a ver las características generales de cada grupo y los rasgos principales de las vitaminas más importantes.
Vitaminas liposolubles:
Vitamina A - (retinol)
Vitamina D - (calciferol)
Vitamina E - (tocoferol)
Vitamina K - (antihemorrágica)
Vitamina F - (ácidos grasos esenciales)
Vitaminas hidrosolubles:
Vitamina C - (ácido ascórbico)
Vitamina H - (biotina)
Vitamina B 1 - (tiamina)
Vitamina B 2 - (riboflavina)
Vitamina B 3 - (niacina)
Vitamina B 5 - (ácido pantoténico)
Vitamina B 6 - (piridoxina)
Vitamina B 12 - (cobalamina)
Falsas vitaminas o Vitaminoides:
Inositol
Colina
Ácido Fólico
Vitaminas Liposolubles
Son las que se disuelven en disolventes orgánicos, grasas y aceites.
Se almacenan en el hígado y tejidos adiposos, por lo que es posible, tras un aprovisionamiento suficiente, subsistir una época sin su aporte.
Si se consumen en exceso (más de 10 veces las cantidades recomendadas) pueden resultar tóxicas.
Esto les puede ocurrir sobre todo a deportistas, que aunque mantienen una dieta equilibrada recurren a suplementos vitamínicos en dosis elevadas, con la idea de que así pueden aumentar su rendimiento físico.
Esto es totalmente falso, así como la creencia de que los niños van a crecer más cuantas más vitaminas les hagamos tomar.
Vitaminas Hidrosolubles
Se caracterizan porque se disuelven en agua, por lo que pueden pasarse al agua del lavado o de la cocción de los alimentos.
Muchos alimentos ricos en este tipo de vitaminas no nos aportan al final de prepararlos la misma cantidad que contenían inicialmente.
Para recuperar parte de estas vitaminas (algunas se destruyen con el calor), se puede aprovechar el agua de cocción de las verduras para caldos o sopas.
A diferencia de las vitaminas liposolubles no se almacenan en el organismo.
Esto hace que deban aportarse regularmente y sólo puede prescindirse de ellas durante algunos días.
El exceso de vitaminas hidrosolubles se excreta por la orina, por lo que no tienen efecto tóxico por elevada que sea su ingesta.