martes, 4 de septiembre de 2018

LA IMPORTANCIA DE LA VITAMINA A

La vitamina A es una vitamina liposoluble, es decir, soluble en la grasa.

Así pues, se almacena en el organismo. Y podemos encontrarla en dos formas: una, concentrada en ciertos alimentos de origen animal -como el hígado, los aceites de pescado o la grasa de los productos lácteos- con el nombre de retinol, forma que puede ser utilizada directamente por el organismo.

Y también la encontramos ampliamente distribuida en vegetales -zanahoria, perejil, diente de león, las espinacas, brecol, lechuga, y las frutas de color amarillo- en forma de carotenos, siendo el más conocido el betacaroteno.

Se trata de sustancias que se transforman en vitamina A mediante un proceso que tiene lugar en el intestino y el hígado.

PRINCIPALES FUNCIONES

·         Protege contra las infecciones manteniendo las mucosas en un estado óptimo.
·         Es indispensable para una buena salud ocular.
·         Mantiene en estado saludable la piel y el cabello.
·         Favorece el buen estado de las mucosas.
·         Mantiene en buenas condiciones los huesos y los dientes.
·         Previene la anemia y favorece el crecimiento de los niños.
·         Mejora la síntesis de las proteínas.
·         Ayuda a controlar el nivel de estrógenos.

PERJUICIOS QUE OCASIONA SU DEFICIENCIA

·         Ceguera nocturna.
·         Deshidratación y degeneración de la córnea así como úlceras.
·         Formación de cálculos renales.
·         Piel áspera, seca o prematuramente envejecida.
·         Pérdida de vitamina C presente en el organismo.
·         Debilidad ósea y dental.
·         Manchas en la piel.
·         Desprotección ante infecciones.
·         Pérdida del sentido del olfato.
·         Diarreas.
·         Pérdida de apetito.

DOSIS RECOMENDADAS

Por tratarse de una vitamina que se almacena en el organismo su consumo debe ser controlado por un profesional de la salud.

En Nutrición Ortomolecular las dosis recomendadas -dependiendo del fin que se persiga- van de 5.000 UI a 75.000 UI.

TOXICIDAD

Un adulto sano no debería superar la Ingesta de más de 5.000 UI.

Puede haber intoxicación cuando se ingiere una dosis elevada de vitamina A en forma de retinol diariamente y durante un periodo largo de tiempo.

No sucede lo mismo en el caso de los carotenos que se pueden consumir en cantidades altas sin riesgo para la salud.

En todo caso, podrían producir una pigmentación amarilla de la piel que desaparecería con la suspensión de la ingesta.

Los síntomas de una intoxicación de carácter leve son náuseas, vómitos, piel seca, diarrea, pérdida de pelo, piel escamosa e irritada y, en los casos más graves, fragilidad ósea, aumento del tamaño del hígado y bazo, menstruaciones irregulares, visión borrosa, etc.

PRECAUCIONES

Los ácidos grasos poliinsaturados actúan en contra de la vitamina A.

Si se toman cantidades superiores a 400 UI diarias de vitamina E se necesitan al menos 10.000 UI de vitamina A pre-formada (retinol).

NUTRIENTES SINÉRGICOS

La vitamina A, como el resto de micronutrientes, necesita para su correcta absorción ir acompañada de otras sustancias.

En este caso son:

  • ·     Las vitaminas del grupo B -como preservadoras de la vitamina A almacenada-,
  • ·    La vitamina C -que evita la oxidación de la misma y ayuda a prevenir los efectos perjudiciales en caso de intoxicación-,
  • ·     La vitamina E -que actúa como antioxidante-,
  • ·     La vitamina F,
  • ·     La vitamina D,
  • ·     La colina,
  • ·     El calcio,
  • ·     El fósforo y
  • ·     El zinc.



sábado, 1 de septiembre de 2018

FLORA INTESTINAL, CLAVE DE LA SALUD


Para algunos expertos la clave de nuestra salud reside en nuestros intestinos hasta el punto de que los consideran algo así como las raíces del árbol llamado hombre.

Y es que el intestino no es un simple órgano de absorción.

Es el elemento más relevante para la actividad del sistema inmune y los mecanismos de protección inespecífica ya que es en él, precisamente, donde son más activos.

Sus células inmunocompetentes reconocen los agentes patógenos y activan la producción de linfocitos que, a su vez, segregan anticuerpos inespecíficos.

Cuando nacemos el tracto gastrointestinal es estéril pero poco después se instala de forma permanente un complejo conjunto de aproximadamente 400 tipos diferentes de microorganismos que trabajan en armonía para el mantenimiento de la salud.

Esa microflora -la flora intestinal- pesa más de un kilo, puede estar compuesta por hasta 100 billones de microorganismos diferentes y tiene una actividad metabólica global similar a la de un hígado.

Una vez que esa microflora se ha instalado puede verse afectada negativamente por factores como el consumo de alimentos muy refinados pobres en fibra, los tratamientos antibióticos y el estrés, entre otros.

Pero también se le puede ayudar mediante la introducción en nuestra dieta de alimentos prebióticos y probióticos, alimentos considerados funcionales porque son capaces de modificar la floraintestinal, entre otros efectos saludables.

De esta forma, a la vez, se produce un efecto beneficioso sobre el sistema inmune que nos permite prevenir distintas enfermedades, incluido el cáncer.



El estrés, los malos hábitos alimentarios y el abuso de antibióticos son sólo algunos de los factores que pueden afectar negativamente el necesario equilibrio de nuestra flora intestinal.

Y en tales casos la ingesta de los llamados productos probióticos -que contienen microorganismos vivos y activos una vez que colonizan el intestino-, prebióticos -que estimulan la acción bacteriana- o simbióticos -que asocian a ambos- es una buena alternativa, natural y sin efectos secundarios para mejorar sensiblemente el funcionamiento intestinal y, por extensión, optimizar nuestra salud.

De un tiempo a esta parte se están poniendo de moda los llamados "alimentos funcionales".

Son alimentos enriquecidos que no sólo aportan a quien los ingiere beneficios meramente nutricionales sino también otros que le permiten mejorar su salud.

Pues bien, tal es el caso de los probióticos y prebióticos que, además de nutrir a quien los consume, colonizan el intestino modificando positivamente la flora intestinal y mejorando el funcionamiento del sistema inmune y, por tanto, la salud global del organismo.





martes, 21 de agosto de 2018

CÓMO TRATAR LAS MALAS DIGESTIONES Y LA ACIDEZ DE ESTÓMAGO

En esta ocasión nos ocupamos de dos de los más comunes: la dispepsia y la acidez de estómago o hiperclorhidria. Veámoslo.

LA DISPEPSIA

Se llama dispepsia al trastorno gastroesofágico funcional del aparato digestivo, lo que normalmente da lugar a malas digestiones.

Su sintomatología puede ser muy amplia y en ocasiones es bastante dolorosa.

Cuando la dispepsia es aguda puede provocar vómitos, diarrea, fiebre, ardor, dolor, meteorismo, pérdida de peso, flatulencia y sensación de peso que puede remitir simplemente con una buena alimentación.

Si alcanza otras partes del tubodigestivo como el intestino delgado o el colon se producirán fenómenos de fermentación -en el caso de que la dieta haya sido rica en hidratos de carbono- o de putrefacción -en el caso de una excesiva ingesta de proteínas.

La causa de las dispepsias en los adultos hay que buscarlas generalmente en los desequilibrios alimenticios -tanto de deglución como de digestión- y en las alteraciones enzimáticas que no permiten una buena digestión de los hidratos de carbono y las proteínas.

En ocasiones estos problemas aparecen sin causa justificada, lo que puede inducirnos a pensar en un problema de carácter psicosomático provocado por el estrés, las tensiones nerviosas, etc., que se evidencia con una respuesta a nivel gástrico.

También puede haber otros factores que pueden propiciar la aparición de esta sintomatología:

·        Masticación insuficiente.
·        Abuso de los alimentos fritos, ahumados, encurtidos, etc.
·        Exceso en el consumo de grasas y alimentos basura.
·        Cualquier tipo de intolerancia alimenticia.
·      También puede aparecer como consecuencia de una gastritis, úlceras, carcinoma gástrico, trastornos del esófago, del tracto pancreático-biliar, alteraciones intestinales como disbiosis o disbacteriosis colecistitis, duodenitis, anexitis, etc.

Es muy importante saber que en algunas ocasiones las dispepsias pueden ser el preámbulo de una patología seria.

LA HIPERCLORHIDRIA

Se llama así al aumento de los límites normales del contenido en ácido clorhídrico del jugo gástrico.

Suele producir una sintomatología digestiva, con molestias posteriores a la deglución de alimentos, regurgitación ácida y sensación de ardor (pirosis).

Ese exceso de ácido puede provocar patologías como la úlcera gastroduodenal.

RECOMENDACIONES DIETÉTICAS

Es muy importante llevar una alimentación y un tipo de vida lo más sano posible.

Estos son algunos de los consejos:

·      Una de las primeras tareas a realizar es comprobar la posibilidad de que exista intolerancia hacia algún alimento.
·        Procurar realizar de 3 a 4 comidas al día sin que sean muy copiosas.
·    Incorporar de forma paulatina las frutas y verduras; cuando no es habitual su consumo éstas pueden provocar flatulencias.
·       Tratar de masticar y ensalivar los alimentos suficientemente.
·       Comer en situación relajada y sin estrés.
·        Eliminar los alimentos fritos, las conservas, los ahumados y encurtidos, la comida basura, etc.
·        Procurar no tomar agua desde una hora antes hasta dos horas después de las comidas. En caso de tener mucha sed se puede tomar agua a temperatura natural y a sorbos pequeños.
·         Eliminar el tabaco y el café.
·         Eliminar el consumo de bebidas alcohólicas, gasificadas, estimulantes, etc.
·         Reducir la cantidad de grasa presente en la dieta.
·         Eliminar las carnes rojas.

ALIMENTOS PERJUDICIALES

Los alimentos fritos. Contienen sustancias irritantes para el aparato digestivo por lo que están absolutamente contraindicadas.

Las bebidas alcohólicas. Producen irritación e inflamación. Además alteran la producción de jugo gástrico.
Las especias. A pesar de que en pequeñas dosis puede ser beneficioso, una dosis inadecuada provocará alteraciones digestivas e hiperacidez.

El vinagre. Altera la mucosa del aparato digestivo haciéndola más sensible a los ácidos del estómago además de agravar las molestias propias de la dispepsia.

El café. Su consumo, por sí solo, produce dispepsia. Es irritante de la mucosa y altera la digestión de los alimentos.

La leche. Es de muy difícil digestión, sobre todo si va acompañada de azúcar. En los casos que nos ocupan está absolutamente contraindicada.

Los mariscos. Son también muy difíciles de digerir.

El chocolate. Contiene azúcares y grasas por lo que su mezcla es más que nefasta para el estómago.

Las carnes. Contienen purinas, sustancias que incrementan la producción de jugos gástricos agravando las dispepsias y la hiperclorhidria.

ALIMENTOS ADECUADOS

Bulbo de hinojo. Contienen una sustancia denominada acetol que actúa como tónico digestivo.

Papaya. Contiene papaína, una enzima necesaria para la digestión de las proteínas.

Piña. Contiene bromelaína que facilita la digestión.

Hortalizas crudas. Si se toman bien masticadas estimulan los procesos digestivos ya que contienen fibra y enzimas.

Cereales integrales. Sobre todo en forma de copos y papillas son alimentos muy bien tolerados para las personas con dificultades digestivas.

Calabaza. Es suavizante de la mucosa interna del estómago y produce una disminución de los ácidos.

Patata. Es antiácida y sedante. Se puede tomar al vapor, asada o hervida pero nunca frita.

Manzana. Actúa desinflamando el aparato digestivo.

Chirimoya y aguacate. Neutralizan el exceso de ácidos y son calmantes.

Tapioca. Es un alimento suavizante y protector del aparato digestivo.

Arroz. Tiene efecto antiinflamatorio sobre las mucosas digestivas.

Zanahoria. Es un alimento que contiene vitamina A y fibra lo que hace que se neutralice el exceso de acidez y proteja las mucosas.

COMPLEMENTOS

Vitamina A. Es muy valiosa cuando se pretende mantener en buen estado las mucosas. Además, con ella se pueden prevenir las úlceras.

Enzimas digestivas. Hasta conseguir una regularización digestiva es necesario suplementar la dieta con enzimas que faciliten la digestión.

Probióticos. Necesarios para un buen equilibrio de la flora bacteriana.

Betaína hidroclorhídrica HCL. Son necesarias para mejorar la digestión.



lunes, 20 de agosto de 2018

EL SUERO DE LECHE, UNA FUENTE DE PROTEÍNAS POCO CONOCIDA

Depurativo, desintoxicante, regenerador de la flora intestinal y potenciador del sistema inmune.

Éstas son algunas de las cualidades del suero de leche.

Pero además se le considera una forma sencilla de limpiar de toxinas nuestro medio interno y de aportar al organismo nutrientes básicos para el equilibrio metabólico.

Eso sí, siempre que no se sea alérgico a la lactosa, su principal componente.

El suero de leche es un remedio naturalconocido desde hace siglos que, poco a poco, había ido cayendo en desuso.

Hoy, sin embargo, sus propiedades terapéuticas han salido del olvido y se ha convertido en un producto muy apreciado por sus beneficiosos efectos para la salud y por los valiosos nutrientes que puede aportar a nuestra dieta.

Entre ellos, el carbohidrato lactosa además de minerales y oligoelementos como el calcio, el potasio o el hierro, por citar algunos.

Pero el aporte nutricional más importante del suero de leche son sus proteínas.

De hecho, algunos aminoácidos están en mayor proporción en el suero de leche que en la propia leche o en los huevos.

¿CÓMO SE OBTIENE?

El suero de leche se obtiene en el proceso de elaboración del queso cuando a la leche líquida, previamente pasteurizada, se la añade el cuajo, fermento natural contenido en el estómago de los rumiantes que posee una enzima que hace coagular la leche.

Se trata de un proceso que se realiza en tanques especiales a unos 30º C de temperatura y cuyo resultado es una masa semisólida rica en caseína y grasa que, tras su maduración y secado, se convertirá en queso.

Pues bien, cuando esa masa semisólida se retira de las cubas, lo que queda en ellas es el suero de leche: un líquido de color amarillo verdoso y de sabor ácido pero agradable.
Se trata, por tanto, de la parte que no se coagula por la adición del cuajo y que permanece en estado líquido.

Una vez separado el suero del resto de la leche se le somete a distintos tratamientos hasta convertirlo en polvo y envasarlo para su comercialización.

Se logra así un suero rico en sales minerales, aminoácidos y nutrientes beneficiosos para el buen funcionamiento del intestino, el hígado y el riñón, entre otras propiedades terapéuticas.

ALIADO DEL ORGANISMO

Una de las principales ventajas del consumo de suero de leche es que la lactosa, su principal componente, no se disocia por completo en la parte superior del tracto gastrointestinal sino que mantiene sus cualidades nutricionales hasta llegar al intestino delgado y al colon.

Una vez en el intestino, las bacterias de la flora intestinal transforman la lactosa en ácido láctico, de propiedades beneficiosas para el metabolismo.

Por ejemplo, estimula el peristaltismo intestinal, proceso que permite la contracción de los músculos intestinales para transportar el alimento y asegurar una correcta eliminación de la materia fecal.

Además favorece el crecimiento de la propia flora, lo que implica una mejora del funcionamiento hepático.

Por otro lado, por su acción depurativa, activa la función renal y favorece la secreción de líquidos y toxinas.

Por eso ayuda a prevenir la artrosis, la artritis y el reumatismo, consecuencia de una excesiva retención de líquidos en los tejidos y de la acumulación de toxinas en las articulaciones.

Esta eliminación provoca un mejor estado de la piel y contribuye a curar eczemas, acné y otras enfermedades dermatológicas.

Asimismo, al eliminar toxinas del organismo purifica la sangre y permite que fluya mejor.

Actúa igualmente como suave laxante natural por lo que está indicado en los casos de atonía intestinal y estreñimiento.

Pero, además, el ácido láctico producido a partir de la lactosa aumenta la solubilidad del calcio, fósforo, potasio y magnesio lo que facilita la asimilación de estos minerales por el intestino.

De esa forma pueden ser absorbidos mucho mejor por la pared intestinal desde donde pasan al torrente sanguíneo y, a través de la sangre, a su destino final: las células de todo el organismo.

Todo ello hace que se potencie el sistema inmune y que mejore el estado general.

NO APTO PARA LOS ALÉRGICOS A LA LACTOSA

Eso sí, si es usted uno de los aproximadamente 4 millones de mexicanos alérgicos a la lactosa debe, por razones obvias, abstenerse de tomar este suero.

Químicamente la lactosa es un disacárido compuesto por galactosa y glucosa.

Para poder utilizar este azúcar nuestro cuerpo se sirve de una enzima denominada lactasa gracias a la cual los azúcares simples son absorbidos a través de la pared intestinal.

Sin embargo, cuando hay un déficit de esta enzima la lactosa no se desdobla y, como consecuencia, el intestino no lo puede absorber.

Actúan entonces las bacterias intestinales generando su fermentación y provocando flatulencia y diarrea líquida.

Es lo que se conoce como intolerancia a la lactosa.

Sus síntomas más frecuentes -que pueden aparecer nada más ingerir la lactosa o al cabo de un cierto tiempo- son dolores, espasmos e hinchazón abdominal, diarreas ácidas, estreñimiento, flatulencias y vómitos.

LA CURA CON SUERO DE LECHE

Es tal la importancia terapéutica que en otro tiempo tuvo este nutriente que durante el siglo XVIII se crearon en Europa sanatorios en los que se hacían curas únicamente con suero de leche.

Tales sanatorios fueron desapareciendo paulatinamente pero aún hoy se considera que estas curas son una forma sencilla de desintoxicar el organismo, incluso sin modificar la dieta habitual.

En cuanto a las dosis, dependerá de las características fisiológicas, edad, peso, actividad metabólica, etc., de cada persona y del tipo de cura que quiera llevar a cabo.

Si opta por una cura intensiva el suero de leche será el único alimento que pueda ingerir durante 7 días (con un límite diario de 7 vasos, cada uno de 2 o 3 cucharadas soperas de suero en polvo disueltas en 250 ml. de agua).

Si prefiere una cura más suave podrá acompañar el suero con alimentos ligeros y bajos en calorías; en tal caso, debe tomarlo media hora antes de cada comida.

Otra opción es tomar sólo suero de leche un día de la semana.

Indicaciones generales

El suero de leche es conocido desde la antigüedad.

De hecho, existen muchas referencias históricas de que su aplicación en diferentes enfermedades era habitual y de que médicos como Hipócrates o Galeno lo utilizaban como tratamiento regular para sus pacientes.

Hoy la ciencia ha contrastado sus efectos beneficiosos en el tratamiento de reúma, artritis, artrosis, ciática, gota, sobrepeso, obesidad, ictus, hipertensión arterial, cistitis, insuficiencia renal, hiperviscosidad de la sangre, hipercolesterolemia, eczema, acné, ictericia, cirrosis, hemorroides, trastornos digestivos crónicos, flatulencia, atonía intestinal, estreñimiento, calambres musculares, fatiga general o falta de energía.

Los nutrientes del suero de leche

El principal componente del suero de leche es la lactosa, un hidrato de carbono que le confiere sus propiedades más importantes.

Se trata de un azúcar fácilmente asimilable por el organismo y, por ende, una buena fuente de energía.

En contacto con las bacterias de nuestra flora intestinal se transforma en ácido láctico, muy beneficioso para el metabolismo.

En cuanto a las proteínas, el suero de leche aporta dos tipos indispensables para el organismo, consideradas nutricionalmente de referencia por su contenido equilibrado en aminoácidos: la lactoglobulina y la lactoalbúmina, cuya presencia en el suero de leche es mayor que en la leche y en los huevos.

Además, el suero de leche posee aminoácidos ramificados y potenciadores del sistema inmune que escapan intactos al proceso de la digestión y, por tanto, son capaces de retener sus valores específicos hasta ser absorbidos por la pared intestinal y asumidos por el organismo.

Por otro lado, el contenido en grasa y colesterol "malo" del suero de leche es mínimo -no más del 0,3% en suero de leche líquido- lo cual lo hace compatible con muchas de las dietas de adelgazamiento.

También es relevante el contenido en minerales y oligoelementos: calcio, potasio, fósforo, magnesio, sodio, zinc, hierro y cobre. Posee asimismo un elevado contenido en vitaminas B y C.

Suero de leche, obesidad y depresión

Además de aportar a nuestro organismo nutrientes esenciales el suero de leche ayuda a normalizar el correcto funcionamiento digestivo.

Asimismo, mejora el metabolismo de las grasas, limpia la sangre de toxinas y favorece la eliminación de los líquidos retenidos por su efecto depurativo y laxante.

De ahí que se entienda que puede ayudar a las personas obesas o con sobrepeso.

Es más, quienes sufren depresión pueden obtener un beneficio adicional derivado de las propiedades del triplófano que aporta la lactoalbúmina (una de las proteínas del suero de leche) ya que este elemento estimula la producción de serotonina (un neurotransmisor deficitario en cuadros de depresión).

El importante ácido láctico

Este ácido -que se produce en nuestro intestino a partir de la lactosa del suero de leche- tiene importantes propiedades beneficiosas para el metabolismo.

Ahora bien, es importante señalar que existen dos tipos de ácido láctico.

Uno se denomina ácido D (-) láctico y el otro es el ácido L (+) láctico, que es más fisiológico porque nuestro organismo posee la enzima necesaria para su catabolismo.

El D (-) hiperacidifica nuestro medio orgánico por lo que la Organización Mundial de la Salud recomienda no ingerir más de 100 mg/día de este tipo de ácido láctico por kilo de peso corporal (es decir, como máximo 6.000 mg para una persona de 60 kilos de peso).

Esta recomendación es casi exigencia en el caso de los lactantes y niños de corta edad porque la tolerancia al ácido de su metabolismo es menor y porque todavía no se ha desarrollado completamente su capacidad de neutralización.

Pero no queremos alarmar: el ácido láctico que contiene el suero de leche fresco es exclusivamente del tipo L (+) que, como hemos dicho, es más fisiológico.

Lo malo es que este suero fresco no se puede conservar durante mucho tiempo ya que cada hora que pasa pierde calidad.

Incluso llega a ser imposible de ingerir porque, lentamente, se va transformando en ácido D (-) láctico.

Téngalo, pues, en cuenta.



sábado, 18 de agosto de 2018

Hablemos de Vitaminas

Las vitaminas son sustancias orgánicas imprescindibles en los procesos metabólicos que tienen lugar en la nutrición de los seres vivos. 

No aportan energía, puesto que no se utilizan como combustible, pero sin ellas el organismo no es capaz de aprovechar los elementos constructivos y energéticos suministrados por la alimentación. 

Normalmente se utilizan en el interior de las células como precursoras de las coenzimas, a partir de los cuales se elaboran los miles de enzimas que regulan las reacciones químicas de las que viven las células. 

Las vitaminas deben ser aportadas a través de la alimentación, puesto que el cuerpo humano no puede sintetizarlas. 

Una excepción es la vitamina D, que se puede formar en la piel con la exposición al sol, y las vitaminas K, B1, B12 y ácido fólico, que se forman en pequeñas cantidades en la flora intestinal.

Con una dieta equilibrada y abundante en productos frescos y naturales, dispondremos de todas las vitaminas necesarias y no necesitaremos ningún aporte adicional en forma de suplementos de farmacia o herbolario. 

Un aumento de las necesidades biológicas requiere un incremento de estas sustancias, como sucede en determinadas etapas de la infancia, el embarazo, la lactancia y durante la tercera edad. 

El consumo de tabaco, alcohol o drogas en general provoca un mayor gasto de algunas vitaminas, por lo que en estos casos puede ser necesario un aporte suplementario. 

Debemos tener en cuenta que la mayor parte de las vitaminas sintéticas no pueden sustituir a las orgánicas, es decir, a las contenidas en los alimentos o extraídas de productos naturales (levaduras, germen de trigo, etc.). 

Aunque las moléculas de las vitaminas de síntesis tengan los mismos elementos estructurales que las orgánicas, en muchos casos no tienen la misma configuración espacial, por lo que cambian sus propiedades. 

Existen dos tipos de vitaminas: 

Las liposolubles (A, D, E, K), que se disuelven en grasas y aceites, y las hidrosolubles (C y complejo B), que se disuelven en agua. 

Vamos a ver las características generales de cada grupo y los rasgos principales de las vitaminas más importantes.

Vitaminas liposolubles: 


  • Vitamina A - (retinol) 
  • Vitamina D - (calciferol) 
  • Vitamina E - (tocoferol) 
  • Vitamina K - (antihemorrágica) 
  • Vitamina F - (ácidos grasos esenciales) 


Vitaminas hidrosolubles: 


  • Vitamina C - (ácido ascórbico) 
  • Vitamina H - (biotina) 
  • Vitamina B 1 - (tiamina) 
  • Vitamina B 2 - (riboflavina) 
  • Vitamina B 3 - (niacina) 
  • Vitamina B 5 - (ácido pantoténico) 
  • Vitamina B 6 - (piridoxina) 
  • Vitamina B 12 - (cobalamina) 


Falsas vitaminas o Vitaminoides: 


  • Inositol 
  • Colina 
  • Ácido Fólico 

Vitaminas Liposolubles

Son las que se disuelven en disolventes orgánicos, grasas y aceites. 

Se almacenan en el hígado y tejidos adiposos, por lo que es posible, tras un aprovisionamiento suficiente, subsistir una época sin su aporte. 

Si se consumen en exceso (más de 10 veces las cantidades recomendadas) pueden resultar tóxicas. 

Esto les puede ocurrir sobre todo a deportistas, que aunque mantienen una dieta equilibrada recurren a suplementos vitamínicos en dosis elevadas, con la idea de que así pueden aumentar su rendimiento físico. 

Esto es totalmente falso, así como la creencia de que los niños van a crecer más cuantas más vitaminas les hagamos tomar. 

Vitaminas Hidrosolubles

Se caracterizan porque se disuelven en agua, por lo que pueden pasarse al agua del lavado o de la cocción de los alimentos. 

Muchos alimentos ricos en este tipo de vitaminas no nos aportan al final de prepararlos la misma cantidad que contenían inicialmente. 

Para recuperar parte de estas vitaminas (algunas se destruyen con el calor), se puede aprovechar el agua de cocción de las verduras para caldos o sopas. 

A diferencia de las vitaminas liposolubles no se almacenan en el organismo. 

Esto hace que deban aportarse regularmente y sólo puede prescindirse de ellas durante algunos días. 

El exceso de vitaminas hidrosolubles se excreta por la orina, por lo que no tienen efecto tóxico por elevada que sea su ingesta.